Aún estamos a tiempo

Vicent Sanchis, director de TV3, entrevista el president de la Generalitat, Carles Puigdemont.

http://www.ccma.cat/tv3/alacarta/entrevista-al-president-de-la-generalitat/entrevista-al-president-de-la-generalitat-13092017/video/5688108/

Avui, al “Més 324”, analitzem l’entrevista emesa a TV3 al president Carles Puigdemont. Ens acompanyaran Argèlia Queralt, directora editorial d’Agenda Pública; Eduard Voltas, editor de Time Out; José Antich, director d’El Nacional.cat; Manel Manchón, director d’Economía Digital; Magda Gregori, cap de redacció de Racó Català i Ferran Casas, subdirector de Nació Digital.

http://www.ccma.cat/tv3/alacarta/mes-324/mes-324-13092017/video/5688127/

El referèndum és viable? Arbós vs. Queralt

Finalment, Carles Puigdemont ha anunciat la data de la celebració del referèndum i n’ha especificat la pregunta a la qual s’haurà de respondre. El dia 1 d’octubre, els catalans estan cridats a respondre a la pregunta “Vols que Catalunya sigui un estat independent en forma de república?” Això sí, en un referèndum contrari a la volunat del govern espanyol, que ja ha informat, reiteradament, de la seva il·legalitat. Hem convidat Xavier Arbós i Joan Josep Queralt, catedràtics de la UB, respectivament, de Dret Constitucional i Dret Penal de la UB, per parlar-ne.

El referèndum és viable? Arbós vs. Queralt

El Govern explica a las cancillerías el anuncio del referéndum en un memorándum

Asegura que es una “oportunidad” para la democracia española

A las diez de la mañana de este viernes, el president Carles Puigdemont, anunciaba la fecha y la pregunta del referéndum. Por la tarde el conseller de Exteriors no sólo explicaba los detalles al cuerpo diplomático acreditado en Madrid sino que su departamento de Exteriors ya enviaba un Memorándum a las cancillerías internacionales y cuerpo diplomático con el que argumentaba la decisión y desgranaba sus pormenores.

El Memorándum, número 37, titulado “El Govern convoca el referéndum de independencia para el uno de octubre de 2017” asegura que la decisión es una “oportunidad para que el Estado español replantee su papel y también dé un paso adelante en su sistema democrático”.

El Govern insiste en el informe que el referéndum “es una forma de dejar atrás su pasado autoritario y los fundamentos débiles del régimen establecido en 1978, convirtiéndose en un modelo para la defensa de su propia diversidad y una garantía de los principios democráticos dentro de sus fronteras”.

Legitimidad

El Memorándum hace hincapié en la “constante negativa” del Gobierno a encontrar una solución política a pesar de que “todos los sondeos de opinión muestran que tres cuartas partes de la población catalana quiere un referéndum de autodeterminación, independientemente de cómo voten”.

”El Govern está convencido de la legitimidad de la celebración de un referéndum, como acto democrático”, sentencia el documento. Aún así, el Memorándum insiste en qué el Govern “quiere celebrar la votación tras un acuerdo entre los dos Gobiernos”. Una voluntad frustrada porque “no hay tal deseo por parte del Gobierno español”.

Con esta premisa, el ejecutivo catalán considera que el referéndum es la “única ruta posible para que Catalunya pueda decidir cuál debe ser el futuro de sus relaciones con España”. “La Constitución española no prohíbe esta ruta, y una decisión tan importante no debe estar condicionada por una interpretación partidista de la Constitución”, añade. Y concluye: “La votación no puede, bajo ninguna circunstancia, ser considerada un acto ilegal”.

Relato histórico y el Tribunal Constitucional

El Govern remonta el relato a la sentencia del Estatut del Tribunal Constitucional de la que este mes de julio se cumplirán siete años. Una resolución que conviritó en “inútil” la larga negociación anterior, el “consenso con los órganos constitucionales” así como el referéndum que ratificó el Estatuto acordado entre el Parlament y el legislativo español.

Incide el Memorándum en la configuración y el sesgo “partidista” del Tribunal que recortó el Estatut al que reprocha estar anclado en ideales “obsoletos” y a sus miembros de “estar comprometidos con la agenda del partido político que hoy gobierna España”.

Una situación que el Govern no ve hoy en día “mejor”. “El tribunal puede ahora imponer la suspensión sumaria de los funcionarios electos, sin otro proceso judicial”, recuerda el informe. “El disentimiento razonado de algunos miembros de esta Corte y la severa advertencia de la Comisión de Venecia contra esta reforma han sido en vano en sus intentos de persuadir al Gobierno español de reconsiderar su posición”, insiste.

Socio clave

En cualquier caso, el Govern enfatiza la idea que “Catalunya quiere ser un socio clave para España” sea cual sea el resultado del referéndum. Pero advierte que “cualquiera que sea la relación, España debe avanzar en términos democráticos y en el estado de derecho”. “Es un asunto inevitable para su futuro”, remacha. “Este paso, por tanto, representa una triple oportunidad: para Catalunya, para España y para Europa”, finaliza el memorándum.

Sondeo de GAD3 para ‘La Vanguardia’

El 54% de los catalanes está dispuesto a participar en una consulta unilateral

  • El 42,5% apoyaría una Catalunya independiente frente a un 37,6% que se opondría | Más del 57% apuesta por la reforma o la reinterpretación de la Constitución como solución | Menos de un 12% vaticina que el desenlace final del proceso será la independencia catalana

El anunciado choque de trenes no parece un factor capaz de cambiar sustancialmente las actitudes que alberga la opinión pública catalana y más bien podría acentuar los apoyos al proceso soberanista.

Esta es una de las principales conclusiones que se desprenden de una encuesta de GAD3 para La Vanguardia, realizada entre los días 23 y 29 de junio. Y la mejor prueba de ello es que más del 54% de los catalanes se muestran dispuestos a participar en el referéndum unilateral que el Govern se propone celebrar el próximo 1 de octubre (mientras que en el proceso participativo del 9 de noviembre del 2014 sólo acudieron a las urnas el equivalente al 42% del censo).

Además, un 62% de los consultados piensa que el Gobierno central debería permitir la celebración de esa consulta unilateral, en lugar de acudir a los tribunales (lo que apoya apenas un 16,6%) o, mucho menos aún, de suspender la autonomía (algo que sólo consideraría aceptable el 10,8% de los catalanes).

Desciende del 76% al 71% la tasa de respaldo al referéndum como mecanismo político

Ahora bien, si en el terreno de las aspiraciones el respaldo a la hoja de ruta del Govern se mantiene estable, en el de las expectativas reales las cosas van en otra dirección. Así, a la pregunta sobre cómo acabará el proceso soberanista, casi un 60% de los consultados prevé que, o bien desembocará en unas nuevas elecciones (28,7%), o bien dará paso a una negociación entre la Generalitat y el Gobierno central (28,5%).

Únicamente un 17,4% contempla la posibilidad de que Madrid suspenda la autonomía, y una cifra aún menor (por debajo del 12%) cree que el desenlace final del proceso será la independencia de Catalunya.

Sin embargo, y como ya se ha señalado, el realismo no va reñido de una cierta radicalización de posiciones. Por ejemplo, la apuesta por el referéndum unilateral crece nueve puntos con respecto al anterior sondeo de abril (del 28,8% al 37,8% –un 27% si se cuenta a todo el universo de la muestra y no sólo los par­tidarios del referéndum–), mientras que cae por debajo del 60% (del 66% al 58,4%) el contingente de quienes defienden una consulta acordada.

El apoyo a la secesión cae al 26% si se ponen sobre la mesa otras soluciones territoriales

Y, paralelamente, aumentan en casi seis puntos (del 20,5% hasta el 26,2%) los defensores de la independencia frente a otra alternativa. Por contra retroceden en casi 11 puntos (del 47,7% al 36,8%) las posiciones favorables a una reforma de la Constitución como la mejor solución para el encaje de Catalunya en España.

Pero, aun así, la gran mayoría de los catalanes (más del 57%) sigue apostando por fórmulas que pasen por la reforma constitucional (que apoya el mencionado 36,8%) o la reinterpretación de la Carta Magna (una salida que respalda casi un 21%).

El grupo más numeroso es el que se siente tan español como catalán y supone casi el 43%

Pero si hay una pregunta que refleja mejor que nada el sostenido apoyo al soberanismo es justamente la relativa al dilema planteado en el anunciado referéndum del 1 de octubre “¿Quiere que Catalunya sea un Estado independiente en forma de república?”. Y ante esa pregunta, los votos positivos superarían el 42% –seis puntos menos que hace un año, ciertamente–, pero los negativos quedarían casi cinco puntos por debajo (con un 37,6%) y retrocederían más de cuatro puntos con respecto a la correlación de empate técnico que se registraba en enero pasado.

Entonces –y aunque la formulación de la pregunta era distinta, ya que se inquiría sobre el sentido del voto en un referéndum legal para decidir sobre la independencia de Catalunya–, los partidarios de la secesión suponían un 42,3% de los consultados mientras que los contrarios se situaban en el 41,9%. Una distancia de solo cuatro décimas.

Casi el 60% cree que el conflicto acabará en elecciones o negociación

Asimismo, y pese al realismo que preside las percepciones colectivas sobre el desenlace del proceso, casi un 48% de los consultados cree que el Govern llevará hasta el final su apuesta por el referéndum unilateral y otro 26% considera que, aunque la consulta “no podrá celebrarse, se sustituirá por una movilización de protesta”.

De hecho, y aunque son más quienes auguran un final negociado al proceso soberanista, sólo un 11% confía en que “el Gobierno central hará una oferta que paralice” la consulta unilateral, y únicamente un 6,3% espera que el Govern renunciará al referéndum atendiendo a las resoluciones judiciales. Y en este contexto, un 47% de los consultados (frente a menos del 35%) se muestra convencido de que “existen garantías para preservar el trabajo de los funcionarios” ante la mecánica de un referéndum unilateral.

El espejismo del referéndum

Por cada catalán que apuesta por la independencia de Catalunya hay tres que buscan reformular su encaje

Por cada catalán que apuesta por la independencia de Catalunya hay tres que buscan reformular su encaje, sin llegar a la ruptura con el conjunto de España. Ahora bien, cuando se le pone al ciudadano en la disyuntiva dicotómica del sí o no a la independencia son algunos más los que votarían afirmativamente.

¿Dónde está la clave de esta aparente esquizofrenia? ¿Por qué hay un 16% de catalanes que votarían a favor de una república catalana no siendo la independencia su modelo preferido? Pues sencillamente porque el actual debate se está planteado sobre dos premisas tan simplificadoras que impiden captar la complejidad del problema. En primer lugar, los promotores del debate sólo permiten dos opciones enfrentadas: la ruptura radical o el inmovilismo. No dejan lugar a las opciones mayoritarias: reinterpretar la Constitución o incluso reformarla para dar encaje a las actuales necesidades de Catalunya dentro de un marco de convivencia común.

La segunda premisa engañosa es la confusión entre el concepto independencia y el del referéndum, que goza en nuestro país de gran prestigio como vía de participación ciudadana. La confusión se traslada a cualquier pregunta en la que esté incorporada la palabra referéndum. De ahí la tendencia en las encuestas sobre referéndums a manifestar mucha mayor predisposición a acudir a votar de la real. Lo hemos visto en Colombia, en Italia, en el Reino Unido, en Hamburgo… En el referéndum del Estatut en 2006 el 86% de los entrevistados por el CEO manifestaban su voluntad de acudir a las urnas: finalmente lo hicieron el 49%. Por eso una respuesta del 54% de entrevistados por GAD3 predispuestos a votar no permite esperar una participación superior a un tercio del electorado. Máxime cuando el apoyo a una consulta unilateral cuenta sólo con el respaldo del 27% (el 37% del 71% favorable a una consulta) y cuando los que creen que el proceso soberanista terminará con la independencia a corto plazo se reduce al 12%.

Pero la mayor simplificación es la de reducir todo el debate político a un único asunto, que no es precisamente el prioritario para la mayoría de los catalanes. “La independencia no basta para convencer siempre al votante”, ese es el análisis del sociólogo más reputado del Reino Unido, John Curtice, sobre la caída del Scottish National Party en las elecciones generales de junio. Idéntico análisis se hizo en las últimas elecciones generales de Canadá donde el Bloque Quebequés siguió perdiendo apoyos tras prometer la celebración de un tercer referéndum. Ambos partidos nacionalistas han optado ahora por aparcar su promesa de nuevas consultas.

En definitiva, para comprender lo que está pasando en el electorado catalán es preciso analizar en conjunto todas las preguntas del barómetro sin confundir el espejismo de una única pregunta sobre el referéndum con la auténtica motivación de la sociedad catalana.

Un consejo socrático

El Gobierno de España confía en el agotamiento del procès y en las tensiones en el bloque independentista. Y siendo absolutamente cierto que se percibe cansancio después de cinco años con esta cuestión ocupando obsesivamente la vida catalana y que existe cierto desorden en el liderazgo soberanista, los sondeos no dan a entender que los independentistas lleguen al 1-O exhaustos y con menos apoyo. Para muestra, el resultado de la encuesta que publicamos, realizada por GAD3, con sede en Madrid. En ella se advierte que el 54,1% de los consultados está dispuesto a participar en un referéndum ilegal,y sube hasta el 42,5% el porcentaje de aquellos que votarían a favor de la independencia (los del “no” bajan al 37,6%). Así pues, se equivoca el Gobierno central si cree que el partido está ganado.

Una lectura inteligente del estudio permite comprobar que la Moncloa tiene margen para actuar políticamente: el 42,6% de los ciudadanos se sienten tan catalanes como españoles, mientras que los que se consideran sólo catalanes se sitúan en el 18,1%. Y si se suman los que creen que la mejor solución al conflicto es la reforma de la Constitución para reconocer las demandas catalanas con los que piensan que es posible una interpretación diferente de la Constitución actual, este colectivo supera ampliamente a otras opciones con el 57,4%.

El Financial Times, diario británico nada sospechoso, acaba de publicar un relevante trabajo periodístico donde afirma que el independentismo gana terreno y anima a buscar una salida política, aunque “el tiempo para encontrar una solución acordada se podría estar acabando”. Rajoy es discípulo del filósofo francés Paul Virilio, nihilista de la velocidad, que mantiene que la rapidez en la toma de decisiones tiene consecuencias devastadoras. Pero la inacción en política pasa factura.. “Reflexiona con lentitud, pero toma rápidamente tus decisiones”, recomendaba Sócrates

¿Por qué?

“¿Por qué todo intento de Catalunya por alzar su bandera siempre acabó con una brutal represión?”, de Pilar Rahola

Por qué, desde 1714, cuando Catalunya perdió sus derechos constitucionales, España siempre se ha configurado a la contra de la identidad catalana? ¿Por qué, desde esa fecha, se obsesionó en acabar con el idioma catalán, salpicando con miles de leyes de prohibición, los siglos siguientes? ¿No había otra España posible? ¿Por qué, desde el Memorial de Greuges de 1885 presentado al rey Alfonso XII por Rubió i Ors, donde se exponían los graves agravios del Estado para con los intereses catalanes, nunca se atendieron dichos agravios? Decía el Memorial: “¿Cómo salir de tal estado? Dejar de aspirar a la uniformidad para procurar la armonía de la igualdad con la variedad, o sea la perfecta Unión entre las varias regiones españolas…”.

Y más preguntas: ¿por qué, desde la lucha de los industriales catalanes en 1899 a favor de un concierto económico, que acabó con el cierre de cajas, la declaración del estado de guerra, el cierre de comercios y el encarcelamiento de empresarios, nunca ha ­habido una negociación seria para acabar con el agravio fiscal que sufre Catalunya?

¿Por qué el gran intento de modernizar Catalunya con un gobierno autónomo, cristalizado en la Mancomunitat, acabó con la dictadura de Primo de Rivera y la imposición del Millo de la época como autoridad política? ¿Por qué la represión contra el idioma y los derechos catalanes fueron constantes y culminaron con la represión contra los dirigentes sociales, sindicales, políticos, culturales y económicos de Catalunya, como reacción a la proclamación de Companys en 1934? Es decir, ¿por qué todo intento de Catalunya por alzar su bandera siempre acabó con una brutal represión?

Y después de la larga noche franquista, el exilio, los miles de ejecutados, el fusilamiento del president Companys, la prohibición del idioma y la cultura catalanas, y la ingente lucha por las libertades, ¿por qué la transición no resolvió el “problema catalán”? En este punto, los habrá que ­pedirán tabla rasa con la historia y aterrizaje en el presente. Aceptada la sugerencia, el presente abunda en las mismas preguntas. Por ejemplo, ¿por qué la transición ha derivado en décadas de regresión autonómica y de recentralización del Estado? ¿Por qué continúa siendo un problema español el idioma catalán, en permanente situación de sospecha y control por parte del Estado? ¿Por qué, después de tantas décadas, continuamos con un agravio fiscal indecente? ¿Por qué somos el 16% de la población, el 18% del PIB, y recibimos el 7% de las inversiones?

¿Por qué, después de negociar y conciliar, nos “cepillaron” el Estatut en el Congreso, lo recepillaron en el Senado y se lo merendaron en el TC? Y a partir de aquí, tantos porqués sobre negación de diálogo, fiscales, corredores mediterráneos, leyes Wert, ninguneo, represión judicial…

Al final, la última pregunta, que es retórica: ¿de verdad no saben por qué queremos votar?

La tertúlia, sobre el diàleg entre Catalunya i Espanya

Avui hem fet tertúlia amb els tres tenors: Lluís Foix, Manuel Milián Mestre i Joan Josep Queralt.

La tertúlia, sobre el diàleg entre Catalunya i Espanya

La tertúlia, sobre el diàleg entre Catalunya i Espanya

La tertúlia, sobre el diàleg entre Catalunya i Espanya

Aún estamos a tiempo

Las fuerzas que a fecha de hoy impulsan el referéndum unilateral obtuvieron el 47,8% de los votos en las últimas elecciones al Parlament de Catalunya, convocadas a modo de plebiscito. La noche del 27 de septiembre del 2015, conocidos los resultados electorales, los principales ­dirigentes soberanistas se resistieron a reconocer públicamente que el reto plebiscitario no había sido ­superado. La corriente independentista moviliza a mucha gente en Catalunya, posiblemente sea el vector político más dinámico, pero no abraza a más de la mitad de los catalanes. Hace dos años, los dirigentes de la coalición Junts pel Sí (CDC y ERC) no quisieron admitir que se habían quedado por debajo de sus expectativas, pese a la eficaz campaña de propaganda que presenta la secesión como un acontecimiento indoloro, festivo y milagroso. Podían haber optado por un tiempo de espera, en busca de mayores apoyos, pero optaron por la consigna “tenim pressa”. Tenían prisa, pero no tenían mayoría. De ese error se deriva la actual situación, que puede conducir a Catalunya a un callejón sin salida.

La coalición Junts pel Sí (39,6% de los votos) quedó prisionera de las urgencias rupturistas de la CUP (8,2%). Podría haberse formado otra mayoría en el Parlament, pero se optó deliberadamente por la estrategia unilateral, previo sacrificio de Artur Mas, que en el último momento tuvo miedo de forzar la repetición de las elecciones. Posiblemente en estos momentos lo esté lamentando. Se tuvo que improvisar un presidente, y la persona elegida fue Carles Puigdemont, alcalde de Girona. La CUP ya ha anunciado que retirará su apoyo al Govern de la Generalitat si en septiembre no se ha convocado el referéndum unilateral. Y al PDECat (antigua CDC) le preocupan unos comicios adelantados, puesto que sus expectativas son malas. Estas son las claves reales de la situación. Conviene tenerlas muy presentes para evaluar los acontecimientos políticos que se aproximan.

El Gobierno español no ha hecho nada para contribuir al desbloqueo de una envenenada situación en la que el Partido Popular tiene importantes responsabilidades (la incen­diaria campaña contra el Estatut, las oscuras maniobras para modificar la orientación del Tribunal Constitu­cional…). Nuestro diario ha criticado en repetidas ocasiones el quietismo de Mariano Rajoy. Las ofertas de diálogo, más formales que reales, han llegado tarde. Es incomprensible que las reclamaciones vascas y canarias sean atendidas con generosidad a cambio de apoyo parlamentario, mientras las de Catalunya quedan en promesas incumplidas. El PP tiene una importante cuota de responsabilidad en la inflamación política de la sociedad catalana e incluso se le podría acusar de querer mantener viva –y controlada– esa inflamación, en la medida que le permite presentarse como el principal garante de la unidad de España. La cuestión catalana siempre ha sido un buen coagulante del electorado conservador español. Todo eso es cierto, pero es rotundamente falso que hoy no haya margen para los catalanes en la política española. Las minorías parlamentarias catalanas, por separado, o con un acuerdo transversal entre ellas, podrían tener un peso decisivo en el Congreso. Diputados catalanes podrían ofrecer un pacto de estabilidad a Rajoy, rompiendo el actual ventajismo del PNV. Diputados catalanes podrían hacer triunfar una moción de censura a Rajoy, si el PSOE, liderado de nuevo por Pedro Sánchez, adopta esa iniciativa en los próximos meses. La política española no es un bosque petrificado. En estos momentos hay cerca de 180 diputados en el Congreso –mayoría absoluta– que apoyan una “España plurinacional”. No todos quieren decir lo mismo con esa expresión, pero algo está cambiando. Mañana mismo podría constituirse una comisión parlamentaria sobre Catalunya, a la que el presidente de la Generalitat podría acudir a explicarse. Suspensión de la vía unilateral y deliberación de un año en el Congreso en busca de soluciones. Hay mayoría parlamentaria más que suficiente para impulsar esa comisión que, por cierto, el PDECat incluyó en su último programa electoral. Esa alternativa es hoy perfectamente posible. Pero se ha optado por la consigna suicida del “tenim pressa”.

Así las cosas, el Govern de la Generalitat se dispone a convocar un referéndum unilateral que choca frontalmente con la Constitución de 1978. Esa iniciativa no hallará ningún apoyo relevante en Europa, diga lo que diga la voluntariosa propaganda de la Generalitat. La Comisión de Venecia, organismo dependiente del Consejo de Europa, acaba de advertir que sólo es posible un referéndum pactado. Queremos recordar que Alemania y Francia están a punto de iniciar las tareas de reconducción de la Unión Europea después del Brexit, tareas en las que el Gobierno de España tendrá un papel. La Unión Europea reactivará sus motores en octubre, con deseos de estabilidad. Los últimos pronunciamientos de Angela Merkel han sido muy elocuentes al respecto. Este es el momento escogido por los actuales gobernantes catalanes para lanzarse a la aventura. Más grave aún es el propósito de aprobar una denominada ley de desconexión con la oposición atada de manos. La citada ley, cuyo contenido exacto se desconoce, pretende establecer la planta jurídica de la independencia. Un texto normativo que podría cambiar la vida de siete millones de catalanes se pretende aprobar por sorpresa, sin que los partidos de la oposición lo puedan conocer y enmendar con la debida antelación. Leída desde Bruselas, Berlín o París, una iniciativa con ese sesgo puede colocar al independentismo catalán en la casilla de los populismos. Choque frontal con la Constitución, cuando hay margen para la discusión en el Parlamento español. Iniciativa unilateral, sin el apoyo de la mayoría de la sociedad. Secretismo y amordazamiento de la oposición. El despropósito es evidente.

Los gobernantes de Catalunya se hallan ante una hora histórica, no hay duda de ello. Se hallan a quince minutos de empujar el país al que tanto dicen amar a un callejón sin salida. Pueden acabar enviando el autogobierno de Catalunya contra las rocas, reforzando las posiciones más inmovilistas. No sería la primera vez que ello ocurre. Aún hay tiempo para la rectificación. Hay margen y oportunidad para llevar la cuestión de Catalunya al Congreso y desde allí buscar soluciones. Esa es la vía que sería aplaudida en la Unión Europea. Pero esa vía exige inteligencia y generosidad. La necesaria generosidad de un Gobierno español que no se atreve a reconocer la amplitud de la disidencia catalana. La necesaria inteligencia de unos gobernantes catalanes obligados a reconocer que no hay mayoría social para el aventurismo. Aún estamos a tiempo

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